La implantación del embrión en el endometrio, un episodio decisivo en la gestación

La implantación del embrión en el endometrio es, junto con la concepción, el momento más importante del embarazo. La aventura de conseguir un embarazo está protagonizada por tres protagonistas, la madre, el padre y el futuro bebé.

La unión de un óvulo y un espermatozoide desata el inicio del milagro de la vida representado en una primera célula que se multiplica sin descanso durante seis días, hasta formar una estructura esférica de unas 200 células, denominada blastocisto. Es entonces cuando desciende, a través de las trompas de Falopio, hasta el útero, donde las células que se encuentran en su capa más externa darán lugar a la placenta, produciendo unas sustancias que romperán la superficie del endometrio. Esta capa del útero, en ese momento del ciclo ha aumentado de grosor para facilitar la implantación.

Es el comienzo del embarazo. El embrión se funde con el organismo materno gracias a la creación de un nuevo órgano, la placenta que le proporciona los nutrientes que va a necesitar para desarrollarse y convertirse en un bebé. Si por cualquier circunstancia, el embrión no anida en el útero, es decir, si se produce un fallo de implantación embrionario, la gestación no seguirá adelante, algo que es mucho más frecuente de lo que se piensa.

La implantación embrionaria apenas se deja notar, sin embargo, algunas mujeres pueden experimentar una pequeña pérdida de sangre, conocida como “sangrado de implantación”, producida por la rotura de vasos sanguíneos endometriales durante la implantación del embrión, y suele tener una duración de unos dos o tres días. Es más leve que la menstruación y de un color más oscuro. Es importante advertir que su fecha coincide con el momento del ciclo menstrual, y la mujer puede confundirla con una “regla rara”, cuando en realidad se encuentra embarazada.

Cambios inmunológicos de la implantación embrionaria

Para que la implantación del embrión se produzca correctamente, el sistema inmunológico materno sufre algunos cambios. Hay que tener en cuenta que la mitad de los genes del embrión pertenecen a la madre. Con estos genes el organismo materno no tiene ningún conflicto. Pero la otra mitad de los genes son paternos, ajenos completamente a la genética materna. Y aquí es donde pueden surgir problemas, ya que la coexistencia de ambas genéticas han de ser coexistir con tolerancia inmunológica durante el embarazo.

En el útero hay células distintas al resto del organismo, que cambian con el ciclo menstrual. Desde que se produce la ovulación, cuando comienza la producción de progesterona, tienen el papel de admitir al embrión, y por eso hay una serie de adaptaciones del sistema inmunológico materno. Si se trata de un embrión es sano, esto es, que cuenta con el número de cromosomas correcto, y sus genes maternos y paternos son compatibles desde el punto de vista inmunogenético, se pone en marcha un mecanismo para que el sistema inmunológico lo tolere. Así, se establece una colaboración materno-fetal que es propicia al embarazo y al crecimiento fetal. Este primer momento es decisivo: de él depende que la gestación discurra sin contratiempos o que por el contrario pueda tener complicaciones.

Intolerancia inmunitaria

Si el embrión porta unos genes que no son compatibles con los maternos desde el punto de vista inmunológico, en el segundo y tercer trimestre, las células uterinas no le ayudarán a implantar porque entienden que podría ser peligroso para la madre y originar una preeclamsia, con un crecimiento intrauterino retardado y/o hipertensión, por lo que el embarazo se puede detener y terminar con una pérdida fetal. Pero también es posible que el proceso siga adelante, pero creando una placenta defectuosa que no puede responder a las necesidades nutricionales del feto. En este caso, la placenta se convertirá en un órgano tóxico para la madre, causando una subida de la tensión arterial materna y de las proteínas en la orina, síntomas de una preeclampsia con riesgo materno fetal.

Tratamiento personalizado del fallo de implantación

La solución médica a estos problemas inmunológicos que provocan un fallo de implantación embrionario es muy compleja. Es posible que coexistan diferentes factores que impidan una buena implantación, por lo que deben ser valorados en su conjunto y de forma personalizada por un especialista en inmunoterapia reproductiva.

El estudio de enfermedades inmunológicas resulta complejo y requiere exámenes específicos. Para dirigir el estudio de laboratorio resulta práctico dividir estas patologías en cuatro grandes grupos: inmunodeficiencias, enfermedades autoinmunes, enfermedades alérgicas y enfermedades oncológicas. La unidad de reproducción del HLA Jerez Puerta del Sur cuenta con especialista que estudian los mecanismos metabólicos, inmunológicos y endocrinos que intervienen en esta decisiva fase del embarazo, ofreciendo estudios personalizados a cada pareja.